| LA NIÑEZ EXPLOTADA EN EL PERU
Niños de Obra. La fuerza laboral más barata e injustamente tratada del Perú. Dos millones de niños atrapados en jornadas de trabajo inhumanas. Escribe GASTON AGURTO SILBA El viento y se forman pequeños remolinos de polvo y bolsas de golosinas sobre la cancha de fulbito del Asentamiento Humano Nueva Jerusalén, de 600 familias, en el distrito de Carabayllo. En cambio, se escuchan gritos, risotadas y tosidos infantiles en un botadero de basura vecino. ¡¿Qué hacen los niños en medio del basural, disputándose los desperdicios con las moscas y los perros sarnosos?! Diariamente acuden a ese relleno sanitario clausurado hace dos décadas, un promedio de cuarenta niños entre 4 y 12 años. Son los hijos de los habitantes más pobres de la zona. Descalzos y con ropas sucias, excavan galerías, cual topos, en las que se internan a extraer todo tipo de desechos: desde aluminio y cobre (que venden a 4 soles el kilo) hasta vidrios y huesos (10 céntimos/kilo). ¿Huesos?, ¿para qué?, se le pregunta a Andrea, una recolectora de 12 años. "Los señores que lo compran lo utilizan para fabricar alimento para aves", dice, pero eso más bien parece mitología de basural. ¿Te molesta estar aquí? "En el colegio nadie sabe que hago esto, me daría vergüenza que se enteren. Los chicos del barrio, que sí saben, dicen que soy una cochina, que me gusta revolcarme en la basura". En marzo del 2001 la ONG Proceso Social examinó a los 40 niños trabajadores del basural. El 60 % de ellos presentaba enfermedades gastrointestinales, el 45 % enfermedades respiratorias, el 55 % enfermedades de la piel y el 4,5 % enfermedades oftalmológicas. Además de malnutrición, cortes con vidrios, jeringas, picaduras de insectos, mordeduras de perro, etcétera. El diagnóstico está dado; la cura aún no llega. Es un hecho que en épocas de crisis el trabajo infantil, en el Perú, aumenta en cantidad y disminuye en calidad. Según la Encuesta Nacional de Niveles de Vida 1997; de los casi 10 millones de habitantes peruanos menores de 18 años, 1'932.000 entre 6 y 17 años pertenecen a la población económicamente activa. "El problema es que el 70 % de niños y adolescentes que comparten el estudio con el trabajo, se atrasan o abandonan la escuela", señala Eliseo Cuadrao, coordinador de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). "Además de dañar su presente, los niños también comprometen su futuro como ciudadanos, ya que, según la CEPAL, por cada dos años menos de educación, ellos perderán alrededor del 20 % de los ingresos mensuales durante su vida adulta". El Convenio 138 de la OIT considera estas labores dentro de "las peores formas de trabajo infantil". Basta ver a los niños picapedreros de Carabayllo para entender que no se trata de ningún juego de niños. Allí está Erlita, de 8 años, metiendo la cara en el humo del fuego que atiza para calentar y ablandar una roca más grande que ella. O Roy, de 6 años, blandiendo un pesado martillo de acero. Está encorvado sobre una piedra, pica que pica con el martillo, levantando un polvillo que afecta su vista. Sus brazos y sus piernas están llenos de cortes, magulladuras y quemaduras. El padre de ambos niños, Marco Ramírez, viudo de 34 años, explica la dureza de su vida y la de sus hijos. "A uno de mis hijos le han pedido en el colegio el libro `Coquito Integrado 2001', que cuesta treinta soles. Esa suma es lo que nos pagan por llenar de piedras la tolva de un volquete, cosa que nos demora de cuatro a cinco días". Entre comprar el libro o alimentar a sus hijos, obviamente Ramírez va a optar por lo segundo. ¿Y qué hace usted para mejorar esta situación? "Antes de dormir, por mis hijos, rezo para que una piedra no me caiga encima". LOS OLVIDADOS Paralela a la "erradicación del trabajo infantil" promovida por la OIT, existe una segunda corriente que asegura ser más acorde con la realidad peruana. Para ésta, el trabajo infantil y adolescente "es una fuente de dignidad, formación y sustento" de economías familiares de supervivencia, que el Estado debe proteger y regular. En contraposición, Rocío Valencia de la Riva, especialista de la OIT, opina que, lejos de ser un paliativo, el empleo infantil es un reproductor de la pobreza. "Por trabajar, los niños se quedan sin educación y, por lo tanto, sin armas para ingresar en el mercado laboral adulto. Esos niños que no terminan el colegio, son los pobres del futuro". Por ahora eso parece no preocupar a los comerciantes del terminal pesquero de Ventanilla, donde decenas de menores de 14 años cumplen jornadas de trabajo de cinco de la mañana a una de la tarde. Gerardo Cancino, de 11 años, trabaja seis horas diarias pelando almejas. Con un cuchillo abre la concha para sacar de su interior la carne, muy apreciada en el mercado. A diario pela un aproximado de medio millar de almejas. A cambio, su abuela le da cinco soles. La palma de sus manos presenta escoriaciones y hongos debido al constante contacto con el agua y con un líquido morado que despide el molusco como autodefensa. En 1990 el Perú ratificó la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, de la UNICEF, un texto hermoso y justiciero que se estrella brutalmente contra la realidad. Faltan ratificar dos convenios de la OIT. El Convenio 138 sobre la edad mínima legal para trabajar; que en el Perú es de 12 años, cuando el promedio en Sudamérica es de 14 y 15. Y el Convenio 182 sobre la prohibición de "las peores formas de trabajo infantil", que data de 1999, y que ni siquiera figura en la agenda del Congreso de la República. Mientras tanto, niños como Francisco, de 10 años, seguirán robándole horas al estudio y al juego para trabajar seis horas diarias inmerso en las diez toneladas de hielo que carga el camión frigorífico de sus empleadores. O como José, también de 10 años, que trabaja para su padre en una estación informal de servicio mecánico y que, como él dice con orgullo e inocencia, "¡atiende las 24 horas del día!" Es hora de que los niños dejen de cargar sobre sus hombros las responsabilidades de los adultos. - De la Revista "Caretas" - 3 de mayo de 2001 |